Una tecnología que replantea el lavado de las pulverizadoras

Desde Aire Federal dialogamos con Marcela Genero, ingeniera agrónoma y jefa de la Agencia de Extensión Rural del INTA de Huinca Renancó, quien explicó los alcances de la tecnología que implementa camas biológicas que evitan la contaminación de los suelos y de las napas con residuos de fitosanitarios.

Su implementación busca reducir el impacto que se genera al lavar las pulverizadoras por el riesgo de contaminar suelos y napas con fitosanitarios y/o generar superficies con alto nivel de degradación, que luego se convierten en focos de erosión pegados a tanques de carga de pulverizadoras.

“La idea es establecer un sector en donde se realiza la carga, pero sobre todo pensar en la limpieza de la pulverizadora. Uno puede generar un mejor destino sobre el residuo que eliminan las pulverizadoras al ser lavadas, y por eso se piensa en la implementación de estas estructuras denominadas “camas biológicas”, que son el sustrato que se prepara en base a paja y tierra, y que forman parte del alimento donde están las bacterias que pueden generar la degradación de estos insumos. Hay distintos modelos que, según la región, pueden implementarse con mayor éxito. La plataforma debe estar diseñada con pendiente hacia el segundo sector -la cama biológica- para conducir el efluente por gravedad. Además, debe tener un borde perimetral para contener los derrames posibles”, explicó la especialista.

En una jornada sobre pulverizadoras organizada por el CREA Río Quinto en la estancia La Barrancosa, la investigadora amplió: “Luego hay que construir la cama biológica en sí, que es donde se degradan los fitosanitarios, con una excavación de una profundidad de 25 a 50 centímetros según el volumen de efluente generado por el equipo. “También es necesario impermeabilizar el fondo y las paredes con concreto, arcilla compactada y geomembrana y se puede agregar un techo para evitar la acumulación del agua de lluvia. En la cama biológica propiamente dicha se prepara una biomixtura con la siguiente composición: 50% de paja de cereales como fuente de carbono, para estimular el desarrollo de organismos responsables de la degradación; 25% de tierra de la zona que aporta microorganismos y 25% de compost o turba que asegura la retención de humedad y de nutrientes. Una vez preparada, la mezcla se vuelca en la fosa en capas”.

Genero indicó que esta tecnología ya se ha implementado en más de 30 países, siendo reconocida en organismos internacionales como una solución efectiva para el manejo responsable de efluentes de agroquímicos. “En nuestro país, hay experiencias exitosas en cuatro o cinco casos cercanos en la región, en donde el sistema está funcionando correctamente”, subrayó.

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